La gente suele llegar conmigo después de haber probado otras formas de terapia, y de haberse ido sintiéndose sin escuchar. A veces es porque alguien ofreció soluciones para el aquí y ahora sin atender las emociones y experiencias del pasado que seguían causando malestar hoy.
Hay experiencias que dejan ondas que necesitan un enfoque capaz de trabajar el juego entre mente, emoción y cuerpo. La terapia de conversación tradicional muchas veces solo toca la superficie de cómo el cerebro y el cuerpo sostienen el dolor psicológico, y eso deja a las personas administrando emociones que desbordan, sensaciones físicas persistentes y la dificultad de reconectar consigo mismas y con las demás.
Si estás en un proceso de sanación, no eres la única que ha encontrado eso. Esto es lo que dice la neurociencia, y lo que implica para el tipo de acompañamiento que sí ayuda.
Qué es el trauma
Casi todas las personas viven algo traumático en algún momento de su vida.
La palabra viene del griego herida, y antes se usaba solo para lesiones físicas. Hoy incluye heridas físicas, emocionales y psicológicas.
Un evento traumático es uno que representa una amenaza directa o percibida para la vida. Alguien puede vivir trauma en cualquier situación donde se sintió amenazado con una lesión grave, violencia o muerte. El trauma emocional y psicológico puede surgir de:
- amenazas a la vida o a la integridad física, como un encuentro violento
- la muerte de alguien cercano
- desastres naturales y accidentes
- agresión física o sexual
- violencia doméstica
- negligencia en la infancia
- acoso o abuso sexual en la infancia
- el diagnóstico de una enfermedad que amenaza la vida
El trauma también puede ocurrir por presenciar cómo se amenaza la seguridad de otra persona.
Por qué la gravedad varía tanto
La gravedad del trauma está influida por la percepción que la persona tuvo del evento, su edad, el tipo de daño, y la intensidad, frecuencia y duración de la exposición. Cuando había de por medio una relación de cuidado, eso cambia las cosas de forma significativa.
También depende de con qué recursos contaba: su capacidad de resiliencia y, sobre todo, el apoyo emocional que hubo después.
El trauma complejo
El trauma complejo surge de abuso, negligencia o violencia interpersonal sostenidos dentro de relaciones de cuidado o cercanas.
Estas experiencias interrumpen los vínculos de apego y erosionan la confianza, lo que afecta el desarrollo del sentido de sí. Esa pérdida de confianza, en una misma y en las demás, hace que el trauma complejo pueda contribuir a distintas dificultades de salud mental, como trastornos de ansiedad, depresión, trastorno de pánico, agorafobia y trastorno de estrés postraumático.
También se ha encontrado que la experiencia traumática dentro de una familia puede afectar a generaciones siguientes a través de cambios epigenéticos. Hay evidencia de que algunos traumas producen cambios epigenéticos que se transmiten entre generaciones y predisponen a los descendientes a desarrollar síntomas traumáticos. Los estudios sobre descendientes de personas sobrevivientes del Holocausto están entre los ejemplos más citados.
Por eso la psicoterapia hoy considera factores más allá de la experiencia individual, y mira los eventos en la historia familiar y social de una persona como parte de entender y tratar el trauma.
Cómo nos afecta el trauma
El trauma rompe nuestra sensación de conexión con nosotros mismos, y altera cómo percibimos el mundo y a la gente que hay en él. La química cerebral cambia, y el cerebro empieza a operar desde sus mecanismos protectores de supervivencia.
Las respuestas al trauma son únicas en cada persona, pero hay señales comunes. Si algo de esto resuena, recuerda que son reacciones normales ante un evento anormal y angustiante.
Señales emocionales y psicológicas: shock, negación o incredulidad; confusión y dificultad para concentrarse; enojo, irritabilidad y cambios de ánimo; ansiedad, miedo y estar en guardia; culpa, vergüenza y autorreproche; retirarse de las demás personas; tristeza o desesperanza; sentirse desconectada o entumecida.
Señales físicas: insomnio o pesadillas; fatiga; sobresaltarse con facilidad; palpitaciones; inquietud y agitación; dolores; tensión muscular.
El trauma no afecta solamente a los pensamientos y las emociones. Tiene una huella física, y justo por eso el tratamiento necesita incluir al cuerpo.
La neurociencia
Esta sección es un poco pesada en lo científico, pero importa. Entender la neurobiología del trauma desarma mucha culpabilización de la víctima, y explica muchas de las conductas por las que se juzga a quien ha vivido trauma, incluida ella misma.
Desde una perspectiva neurobiológica, el trauma es una experiencia, o un patrón de experiencias, en la que los sistemas automáticos de respuesta al estrés se activan de forma tan extrema o durante tanto tiempo que alteran la regulación y el funcionamiento del propio sistema nervioso.
En 1994, Stephen Porges propuso la Teoría Polivagal, que describe cómo el trauma afecta al cuerpo además del cerebro. La teoría propone que el nervio vago, un nervio central del sistema nervioso parasimpático, tiene dos vías con funciones distintas. La vía ventral responde al apoyo, la seguridad y el vínculo social. La vía dorsal responde al peligro extremo.
Esto puede significar, literalmente, que las partes del cerebro y del cuerpo activas en estado de descanso quedan fuera de línea durante una experiencia traumática, mientras el cuerpo prioriza la supervivencia y la ruta más rápida disponible hacia la seguridad: pelear, huir o congelarse.
También ofrece una explicación compasiva de cómo respondemos después. Apagarse y no poder moverse. Ponerse a la defensiva y enojarse. Eso no son fallas de carácter. Es un sistema nervioso haciendo lo que aprendió.
Unir neurociencia y cuerpo
Las terapias con perspectiva de trauma unen la neurociencia con la experiencia corporal, y tratan la sabiduría del cuerpo como parte crucial de la sanación.
Como dice Peter Levine, fundador de Somatic Experiencing: cuando los enfoques terapéuticos se centran sobre todo en los pensamientos y descuidan el cuerpo, la terapia queda limitada.
En mi práctica he visto la diferencia que hace integrar neurociencia y conciencia somática, sobre todo con personas que no habían encontrado útil la terapia de conversación para procesar su trauma.
El trabajo empieza estableciendo seguridad y siempre va a tu ritmo. Se apoya en un modelo humanista personalizado y sin juicio, junto con neurociencia contemporánea, y está diseñado para profundizar tu conexión con tus propias emociones, conductas y necesidades, para que podamos entender de dónde viene realmente una respuesta.
Ya sea que la experiencia detrás haya pasado hace poco o hace mucho, una emoción o conducta que persiste es señal de una necesidad emocional o psicológica no cubierta. Encontrar la raíz nos permite reconocer lo que pasó y aprender a cubrir esa necesidad, que es donde empieza la sanación.
Traer a la persona entera
Las sesiones reúnen lo cognitivo, lo emocional, lo somático, lo relacional y lo espiritual de la experiencia.
Con un método suave de indagación, nos enfocamos en la sensación como base de la experiencia sentida. Te quedas con lo que está haciendo tu cuerpo y describes lo que observas, y el sentido emerge de ahí en vez de imponerse. Esto te ayuda a identificar tus propias necesidades y a escuchar tu diálogo interno, para que mensajes internalizados, recuerdos bloqueados y emociones sin resolver puedan salir.
La ventana de tolerancia
La neurociencia nos da el concepto de ventana de tolerancia: el rango dentro del cual nos sentimos cómodas y seguras, y podemos manejar el estrés cotidiano sin sentir que perdemos el control.
Para sanar el trauma, el sistema nervioso necesita estar dentro de esa ventana, donde tienes disponible la mayor flexibilidad psicológica. Entender dónde está tu ventana es lo que mantiene el proceso efectivo y sostenible a la vez, para que el trabajo no te empuje tan lejos de ella que cause más malestar.
Eso no es cautela por cautela. Trabajar fuera de la ventana es la forma en que la terapia retraumatiza.
Autorregulación y poder propio
El trauma lleva a la desconexión del cuerpo y de una misma. Las técnicas informadas por la neurociencia ayudan a reiniciar el sistema nervioso y a restaurar la autorregulación, que es lo que permite pasar de sobrevivir a algo más parecido a vivir.
Acompañamiento para sanar
Si buscas una forma de sanar que integre neurociencia, conciencia somática y comprensión integral, con gusto te acompaño.
Me apasiona crear espacios donde pueda ocurrir una sanación real y duradera, donde puedas moverte a tu propio ritmo hacia tus vínculos más conectados y plenos.
Puedes leer más sobre cómo trabajo, o escribirme.
Wise Beginning es una práctica de psicoterapia y consejería en Brisbane. Las sesiones son en línea y presenciales, en español e inglés.
Apoyo inmediato
- Emergencias (policía, bomberos, ambulancia): 000
- Lifeline: 13 11 14
- Kids Helpline: 1800 55 1800
- DVConnect Womensline (QLD): 1800 811 811
Referencias
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